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Centenario de la Escuela de Arte 10 1907·2007

Cien años de historia
Primera parte

La Escuela de Arte 10 nació en 1907 como sección décima de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid. La demanda creciente que los estudios de artes y oficios tuvieron desde sus inicios, sobre todo entre los trabajadores de la ciudad, obligó a abrir nuevas secciones en las barriadas más populosas.

La enseñanza en la Restauración

En 1871, en pleno Sexenio Democrático, se creó la Escuela de Artes y Oficios de Madrid "destinada a vulgarizar la ciencia y sus importantes aplicaciones, formando la educación del artesano, maestro de taller, contramaestre de fábrica, maquinista y capataz, y propagando los conocimientos indispensables a la agricultura e industria de nuestro país". En 1874, a las enseñanzas que se impartían en el primitivo edificio del Ministerio de Fomento, se añadieron las que se desarrollarían en cinco nuevas secciones "para enseñanzas gráficas y plásticas, establecidas, una en el mismo local del Ministerio, otra en el piso bajo de los Estudios de San Isidro, otra en el número 25 de la calle de Isabel la Católica, otra en el 80 de la calle Ancha de San Bernardo, y otra, en fin, en el número 11 de la calle del Turco". Esta expansión en pequeños centros vino motivada también por la dificultad de contar con un gran edificio capaz de albergar a tantos alumnos en condiciones adecuadas.

El edificio del primitivo Ministerio de Fomento en la Glorieta de Atocha.La Iglesia de la Virgen de Atocha en una imagen tomada por Jean Laurent en la última década del siglo XIX. Durante la Guerra Civil el edificio sufrió tal deterioro que hubo de construirse uno nuevo que sería abierto al culto hacia 1951.

En este entorno, las enseñanzas artísticas iniciaron una actividad caracterizada esencialmente por la escasez de recursos y los cambios normativos. Aunque desde 1886 la Escuela de Madrid fue organizada en nueve secciones "esta escuela, desparramada por las populares calles de Madrid, sueña con un edificio moderno que le ofrezca unas instalaciones funcionales en las que poder desarrollar cómodamente su labor educativa". Hacia 1884 se había iniciado la construcción de un gran edificio junto al Jardín Botánico cuyas obras sufrieron paralizaciones y demoras, con el objeto de ubicar en él la Escuela de Artes y Oficios de Madrid. Del proyecto y de las obras de construcción se encargó el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco. Son estos años exponente del crecimiento de Madrid que ve aparecer muchos nuevos edificios en un trazado urbano más parecido al actual.

Pero finalmente se decidió alojar en el seno de este nuevo edificio el Ministerio de Fomento que varias décadas después, tras la construcción de los Nuevos Ministerios, dejaría su sitio al actual Ministerio de Agricultura. Con la obra aún sin terminar, aprovechando que en el solar ya existían los cimientos de la escuela que nunca llegó a construirse, y que a la postre condicionaría el desarrollo del edificio, se ocupó parte de los bajos con máquinas pertenecientes a una de las secciones de la Escuela que habían de ser trasladados finalmente a unos locales del Museo Arqueológico Nacional.

Asimismo, por un Real Decreto de 5 de Noviembre de 1886 se aprobó el reglamento de la Escuela de Madrid y se crearon otras siete llamadas Escuelas de Distrito en el resto de España, independizándolas del Conservatorio de Artes y Oficios. Las escuelas de distrito se abren en las ciudades de Alcoy, Almería, Logroño y Santiago de Compostela, donde hoy continúan existiendo; y también en las ciudades de Béjar, Gijón y Vilanova i Geltrú donde desgraciadamente terminarían desapareciendo.

La Escuela de Madrid que se veía en la necesidad de atender a un número cada vez mayor de alumnos no pudo finalmente contar con un espacio idóneo al destinarse el previsto a sede ministerial. Esta desilusión era evidente en la propia escuela. Como expresaba el entonces director, D. Ramón Díaz Maroto, "al comenzar el curso 1898·99, ya no queda ningún vestigio de la Escuela de Arte y Oficios Central en el soñado edificio del Paseo de Atocha". Esta imposibilidad de disponer de un espacio adecuado a las necesidades docentes llevó a buscar el apoyo de ciertos mecenas como el Marqués Cubas y el Marqués de Comillas "a fin de realizar el proyecto de construir modestos edificios en distintos barrios de la capital, en los que la juventud obrera pudiese recibir la instrucción que insistentemente reclama".

La división en pequeñas secciones, que se había decidido como una solución provisional, terminó por convertirse en definitiva para organizar la enseñanza de Artes y Oficios en la ciudad de Madrid, estructura que llegaría hasta el día de hoy tras la separación formal de las secciones en 1984.

Como se ha apuntado, la España de comienzos del siglo XX sufría las consecuencias de la crisis nacional que constituyó el desastre del 98. Una crisis que se inscribe dentro de la redistribución colonial internacional motivada por la expansión imperialista de las nuevas potencias que surgen con el cambio de siglo entre las que destaca Estados Unidos como la más pujante. La pérdida de los restos del viejo imperio de ultramar, Cuba, Puerto Rico y Filipinas, sumió al pueblo español en una profunda decepción. El desastre del 98, fue el único no aceptado de cuantos se produjeron en aquellos años entre las potencias en declive y provocó una crisis de identidad en un país que por entonces iniciaba una muy tímida revolución industrial. La pérdida de las colonias se vio agudizada por el aislamiento a que la economía del país parecía sometida desde los inicios del siglo XIX.

El cambio de siglo fue traumático. El efecto que esta crisis produjo entre políticos y pensadores derivó en una deseo de cambio y transformación del país que no siempre superó los límites del debate intelectual. El Regeneracionismo asociado a la generación del 98 se asentaba sobre ideas de general aceptación que tenían necesariamente que implicar un cambio en las formas y en los contenidos de la política, la economía y la vida social.

Madrid, la capital de aquel Imperio en decadencia, evidenció más que ninguna otra ciudad española esta crisis porque la presencia de la Corte y del Gobierno eran una de sus principales razones de ser. La necesidad de formar trabajadores para la industria emergente, hacía necesaria una nueva organización de las escuelas. Madrid por la presencia de la administración se convirtió en un ciudad muy condicionada por la capitalidad, que crecía de forma desordenada y mostraba un desarrollo económico algo desigual. Las escuelas, estructuradas en secciones, acogían una gran cantidad de alumnos en aulas y talleres para las especialidades más diversas. La red de centros dedicados a la enseñanza de las artes y los oficios, dirigidos de forma centralizada, pero estructurados en secciones tenía que crecer necesariamente.

La creación de la Escuela


Es en este momento cuando aparece la sección décima en la ubicación que todavía hoy tiene en la que entonces se conocía como calle del Pacífico, en su número 25. Ocupaba en aquel tiempo los bajos de un edificio particular que hasta entonces había servido como comercio y donde se albergaban diversos talleres. Era práctica habitual que la Escuela de Madrid tuviera que alquilar toda suerte de locales para dar cobijo al creciente número de alumno si que en muchos casos estos lugares reuniesen las condiciones adecuadas para la impartición de las clase.

Ocupaba esta sección décima un espacio claramente insuficiente para las necesidades docentes. Las peticiones de recursos para mejorar las instalaciones y los requerimientos a los propietarios de la finca para que resolvieran ciertas anomalías ocupan a la dirección de la escuela durante varios cursos.

Escritura pública en la que se detalla la distribución del edificio de la sección décima de la Escuela de Artes y Oficios. Firmada en Madrid el 17 de julio de 1912.Documento legal sobre la expropiación del solar en los años veinte.

Entre los profesores que ya impartían allí clases de dibujo se encontraba el valenciano Ignacio Pinazo Camarlench que compatibilizaba esta tarea con la docencia en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.

La sección décima ubicada en el número 25 de la antigua calle de Pacífico hubo de enfrentarse desde un primer momento a los problemas derivados de lo inadecuado de las instalaciones. De la situación del centro queda constancia en las memorias anuales que se hacían públicas al final de cada curso; así en la correspondiente al curso 1919·20, el director, D. Vicente García Cabrera decía: "debemos consignar con la natural satisfacción que en la sección décima, una de las que peores condiciones reunía por su poca capacidad y deficientísimas condiciones higiénicas se han ejecutado por el propietario de la finca obras que han mejorado notablemente su capacidad y condiciones, tanto higiénicas como de aspecto y decoro".

La deficiencia de las instalaciones era una característica de varias de las secciones madrileñas. Como subrayaba en 1923 el director de la Escuela de Madrid en el discurso de presentación de la correspondiente memorial anual, "en las secciones instaladas en locales alquilados no hemos logrado todavía empezar el plan hace años propuesto y aprobado por la superioridad para ir sustituyendo estas secciones, todas sin excepción instaladas en locales caros, pequeños e inadecuados al fin que se destinan, por otros propiedad del Estado, construidos de nueva planta, con las necesarias condiciones de amplitud y decoro en que podamos recoger los muchos alumnos que hoy nos vemos obligados a rechazar o instalar deficientemente por la carencia absoluta de sitio".

El interés creciente por las enseñanzas que en la sección abierta en la calle del Pacífico se impartían llevó en noviembre de 1926 al Ministerio de Educación a comprar el edificio en que se encontraba y a realizar una serie de reformas que lo hicieran más adecuado a sus fines pedagógicos. De este modo en la correspondiente memoria del curso 1926·27 se explica que "finalmente, en la sección décima situada en la calle del Pacífico, adquirida por el Estado el año pasado, han empezado las obras de adaptación y reforma que permitirán durante el curso próximo aumentar en más del doble el número de puestos disponibles y mejorar considerablemente las condiciones higiénicas y el decoro del edificio, dando a esta sección toda la importancia que su situación en una barriada ya muy populosa y población eminentemente obrera exige." Sin embargo estas obras de mejora no fueron todo lo rápidas que la situación pedía y al año siguiente la dirección de la escuela constataba que "se han ejecutado parte de las obras proyectadas para su ampliación y saneamiento, no todas las que hubiéramos deseado, pero si las suficientes para duplicar la capacidad de las clases de Dibujo Lineal y Artístico y mejorar en todas ellas sus condiciones luz, ventilación e higiene. En la actualidad se están ejecutando las obras para sustituir la escalera, mezquina y oscura, por otra más amplia y ventilada y mejor dispuesta. El año próximo, si logramos la consignación pedida, terminaremos también el arreglo de esta sección, que ha de ser, por su emplazamiento en un barrio populoso y eminentemente industrial, una de las más concurridas e importantes".

Tales reformas permitieron contar, a partir de entonces, con un edificio adecuado para la actividad docente. Constaba de dos plantas y una torre en la esquina que hoy forman Menéndez Pelayo y la avenida de la Ciudad de Barcelona, que si bien disponía de mucho más espacio que las instalaciones anteriores, era de dimensiones muy inferiores a las de la actual construcción. La obra albergaba en su interior un amplio patio que proporcionaba una buena iluminación a todas las aulas.

Alzado del edificio construido en 1924.Vista lateral.

La proclamación de la República en 1931 dio paso a un periodo de cambio y transformación política no exento de inestabilidad. Si bien los gobiernos republicanos quisieron modernizar el sistema educativo con importantes reformas, la enseñanza artística no fue objeto de transformaciones dignas de mención. Como tantas veces ha sucedido los debates sobre la educación, centrados en aspectos esenciales de la organización del sistema, no suscitaron la necesaria atención a un sector que comenzaba entonces a recibir la influencia de las transformaciones sociales y económicas de todo el primer tercio del siglo pasado. Sin embargo, el proceso de cambio que habían iniciado los gobiernos de la República y que pudiera haber alcanzado a las escuelas quedó dramáticamente truncado en 1936.

La guerra civil constituyó sin duda la mayor crisis en la historia de España, una tragedia que sólo el paso del tiempo ayudó a superar. La ciudad de Madrid sufriría durante casi tres años todas las desgracias que el conflicto bélico trajo consigo. La ciudad se dividió del mismo modo que el resto del país, fue bombardeada, sufrió la escasez de lo más indispensable, su vida quedó limitada a la mera supervivencia. En noviembre de 1936 la calle del Pacífico fue escenario del enfrentamiento de ambos bandos en lo que durante unas semanas fue el frente de guerra de la Batalla de Madrid. El periodo bélico o provocó la ruina de algunos de los edificios de la zona entre los que cabe señalar la destrucción del templo de la Virgen de Atocha que habría de ser reconstruido más tarde y vuelto a inaugurar en 1951 con una traza diferente.

Soldados republicanos en la calle del Pacífico en marzo de 1939.Cubierta del catálogo de la Exposición Nacional de Escuelas de Artes y Oficios. Madrid, 1945.

Los años de la posguerra

La guerra retrasó impidió cualquier posible evolución de las escuelas hacia una modernización de sus edificios y sus métodos de enseñanza. Durante las siguientes décadas verían como el olvido habría de dejarlas al margen de los trascendentales cambios sociales que habrían de producirse en la segunda mitad del siglo.

A pesar de todo, durante la posguerra prosiguieron las actividades docentes y aumentó el número de alumnos. Las memorias y exposiciones anuales muestran una intensa actividad de alumnos y profesores, si bien señalan una tendencia al desarrollo de estilos y formas tradicionales poco abiertos a las corrientes europeas de su tiempo. El aislamiento que sufrió el país durante las primeras décadas del franquismo agudizó esta tendencia que ya se apuntaba antes de la guerra.

El franquismo quiso imponer en sus inicios un sistema económico cerrado, de carácter autárquico, que llevaría al país al mayor aislamiento de los últimos siglos y a una importante crisis económica. No debe olvidarse que hasta los años cincuenta, España no recuperó los niveles de vida de 1931. Fue al final de esta década cuando el plan de estabilización económica de 1959 produjo un cambio de rumbo en la economía y la vida social que habría de afectar necesariamente a todo el sistema educativo.

Ante la creciente industrialización, el entonces Ministerio de Educación Nacional promulgó en 1963 el Decreto 2127, de 24 de julio, sobre reglamentación de las escuelas de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos que creaba nuevas especialidades. Aparecen así como tales independientes, los estudios de "Decoración", el "Arte Publicitario", el "Diseño", la "Delineación y el Trazado Artístico", las "Artes Aplicadas al Libro" y los "Talleres de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos"; normativa que posteriormente quedaría definitivamente desarrollada con la Orden ministerial de 27 de diciembre de 1963. Ello viene a significar el intento de superar la orientación tradicionalista que envolvía este sector, para ocupar el lugar que en ese momento se demandaba: la formación de hombres y mujeres no solo capaces de ejecutar, sino también de concebir, diseñar e impulsar el desarrollo artístico en los nuevos ámbitos profesionales.

Los alumnos que acudían entonces a las escuelas de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos eran todavía trabajadores artesanos que intentaban perfeccionar su oficio, que compatibilizaban la asistencia nocturna con su trabajo durante el día, pero también un grupo cada vez mayor que asistía durante el día y aspiraba a una formación artística cada vez más completa y especializada. Este segundo grupo fue incrementándose hasta constituir el grueso de estas enseñanzas, en las que se podían diferenciar tres tipos de matrícula: los cursos regulares de la enseñanza oficial, la enseñanza libre para alumnos que solo se presentan a examen en junio y en septiembre y los cursos monográficos que tan populares llegarían a ser.

Fin de la primera parte

> Segunda parte




Contenidos

> Primera parte


> La enseñanza en la Restauración
> La creación de la Escuela
> Los años de la posguerra

> Segunda parte

> Los años del desarrollo
> La irrupción del diseño